Historia del electromagnetismo

Arcos eléctricos en el Museo de Ciencia de Boston
Arcos eléctricos en el Museo de Ciencia de Boston

Acaba de ser publicado el primer episodio de una nueva serie de artículos que he escrito para Principia. Trata sobre la historia de la electricidad y el magnetismo, desde que el hombre fue hombre hasta que el científico escocés James Clerk Maxwell desarrolló las cuatro fórmulas que explican todos los fenómenos electromagnéticos. La verdad es que he disfrutado mucho documentándome para escribir los artículos y escapándome durante mis viajes para visitar los museos en los que se guardan los inventos protagonistas de esta historia. ¡Espero que os guste!

Una historia del electromagnetismo
Publicado el 18 de junio de 2020

Ciencia de acogida: George Gamow

George Gamow
George Gamow en 1962

Hace un tiempo me encargaron escribir una biografía corta para la exposición "Ciencia de acogida", que mostraba la vida de científicos que habían tenido que emigrar a causa de guerras y regímenes dictatoriales como una herramienta para sensibilizar sobre la situación actual de los refugiados. Por un lado se mostraban las vidas de los científicos españoles que se vieron obligados a marchar al exilio por la caída de la Segunda República y por otro las historias de científicos europeos emigrados durante el periodo de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial.
Por aquella época ya tenía muy avanzada la biografía de Arturo Duperier pero elegí para la ocasión escribir sobre George Gamow, una figura a la que tengo mucho cariño. Desarrolló una teoría para explicar la radiación alfa, otra para explicar el núcleo atómico, predijo la radiación cósmica de fondo de microondas, consolidó la teoría del Big Bang, explicó la formación de estrellas y de elementos en el interior de ellas y, como hobby, desentrañó el código genético.

Pero George Gamow fue también un refugiado. Nacido en Odesa poco antes de la Revolución Rusa, tuvo que estudiar bajo bombardeos y sufrir después las condiciones de la Unión Soviética. En la cola de la oficina de pasaportes conoció a su mujer y, con ella trató de escapar de la URSS varias veces, una de ellas en una balsa de goma a través del mar Negro. Si quieres saber más sobre George y su vida, acaba de ser publicada en Principia la biografía que escribí:

The man behind the Jazz Band
Publicado el 30 de marzo de 2020

Tennent's Bar

Tennent's Bar
Cuatro fines de semana y tres tormentas ha tenido febrero. Ciara (que se lee Chiara), Dennis (que se lee Denis, no Denís) y Jorge (que los británicos se afanan en leer agitando sus cuerdas vocales sin control mientras aspiran haches). Fines de semana y días laborables en los que ha llovido, nevado y soplado sin ninguna consideración hacia los cauces fluviales de la ciudad, la arcilla negra de los parques y las ovejas blancas de las Tierras Altas. La climatología, no deja de sorprenderme, trae sin cuidado a los locales, acostumbrados a nadar en los charcos desde renacuajos. Sin embargo, unos paneles de contrachapado les ha quitado el sueño. De un día para otro, su pub de referencia, mal augurio, había aparecido rodeado de esa mala madera que separa los obreros de los consumidores. ¡Ni un cartelito avisándonos! Algunos, al pasar por la esquina opuesta, con la misma cazadora abombada con la que iban a trabajar al astillero, esperaban bajo la lluvia algo que ayudara a su intuición. Quizás los materiales que entraban o retiraban. ¿Nuestro pub "wetherspoonizado"? Tras 20 días con sus correspondientes noches, unas nuevas lámparas, que solo podías ver si te alejabas lo suficiente del cercado, aparecieron colgadas junto a los ventanales. Eran esféricas, de vidrio transparente, con rosca y soporte de oro rosa y una bombilla LED vintage. ¡No pinta bien! Pero llegó el viernes (anoche) y el pub se deshizo de sus barreras y abrió de nuevo sus puertas, como ha venido haciendo desde 1884. Lo primero que sorprendía a uno al entrar era el olor a pintura fresca, ausente durante décadas del garito. A simple vista no parecía que hubiera cambiado mucho. Además de las lámparas descritas, nuevos televisores de 70? pulgadas (tamaño pretty big comentó un colega) colgaban de las cuatro esquinas, el techo estaba ahora de otro color más elegante pero la barra, las mesas, las columnas, todo estaba en su sitio. Había que pretender cierta indiferencia, por lo que no te podías parar demasiado sin haber pasado por los grifos de cerveza, que ¡gracias a dios!, eran de las mismas marcas. Ya con una pinta en la mano, en tu corro de amigos, podías escrutar los cambios con disimulo. La moqueta y el parqué habían sido reemplazados por unas baldosas de cerámica portuguesa, las viejas pinturas de la pared habían cambiadas al pasillo y una nueva abertura en la pared, a un palmo de la ventana, permitía acceder con facilidad a la salita contigua, a costa de perder el banco y la mesa que ocupaban ese rincón. Los locales aparentaban haber olvidado dónde estaba el baño para recorrer el nuevo pasadizo y pesquisar todos los detalles. El gesto de sus caras revelaba que estaban satisfechos. Right amount of changes, young man. Pocas veces puede experimentar uno la sensación de felicidad colectiva que se respiraba la pasada noche. No sé por qué me venía a la mente la exhortación que Alasdair Grey añadió a su mural en un restaurante cercano: Work as if you live in the early days of a better nation. Es la segunda casa de esta gente. Yo vengo algún que otro viernes, ellos están aquí todos los días. Llegan a una hora, solos o en parejas, sorbo a sorbo apuran sus pintas mientras leen el periódico, conversan con otros náufragos, reflexionan o pierden la mirada en el Sky Sport News. Así hasta que les echan. Cada día. Este bar es su vida. Y no se lo habían robado.
Publicado el 29 de febrero de 2020

Año internacional de la tabla periódica: El livermorio

Año internacional de la tabla periódica: El livermorio
2019 es el año internacional de la tabla periódica en conmemoración del centésimo quincuagésimo aniversario de su creación por Dmitri Ivánovich Mendeléyev. Para celebrar el evento, la Real Sociedad Española de Química ha preparado un número monográfico de su revista Anales de Química en la que 120 profesores e investigadores han escrito un artículo sobre cada uno de los elementos químicos. A mí me ha tocado escribir sobre el livermorio, el último de los chalcógenos. ¿Quién iba a decir que un elemento que tan sólo "existe" durante 57 milisegundos iba a ser tan interesante?

Si estás interesado, el enlace a este número especial es este:
Número Monográfico Anales de Química

Y el enlace al artículo sobre el livermorio es:
Livermorio. Un "superpesado" que nació de la colaboración internacional
Publicado el 12 de mayo de 2019

Diez años sin "El cine de lo que yo te diga"

Diez años sin
Hoy hacen diez años que se emitió por última vez mi programa de radio favorito. Se llamaba "El cine en la SER", aunque todo el mundo lo conocía como "El cine de lo que yo te diga". Este programa era emitido por la cadena que aparecía en su nombre, si el fútbol lo permitía, los sábados por la tarde. Si no, de todas maneras se podía escuchar el programa completo otra vez de 1 a 3 de la madrugada esa misma noche. El programa, dirigido por Carlos López-Tapia, con los periodistas Antonio Martínez, Elio Castro, Juan Zavala, Diana Pérez, y María Guerra, hablaba de cine de forma informal, con información completa y detallada alternada por sketches de humor. El programa siempre empezaba con un análisis de la película más importante de la semana, contaba noticias relacionadas con el mundillo, tenía sección de preguntas de los oyentes, hacían reportajes sobre la historia del cine, sobre alguna Banda Sonora o libro, o desde algún festival. Llamaban semanalmente a Raimundo Hollywood, que era un español que trabajaba en la meca del cine y que contaba bajo ese seudónimo los rumores y cotilleos que se cocían por allí (mucho más tarde descubrí que se trataba de Raúl García, el animador que dibujó al genio en la versión de Disney de Aladdin). El programa acababa siempre con las críticas de los largometrajes estrenados durante la semana a cargo de Teófilo el Necrófilo, un niño psicópata interpretado por la actriz Gloria Núñez que era el sobrino de Hannibal Lecter y no tenía piedad alguna con sus notas. Todo esto puede sonar un poco extraño, pero el programa era tan original y estaba tan bien hecho, que todo tenía sentido. También hacían programas especiales retransmitiendo los Premios Goya o los Óscar y en navidad preparaban unos programas muy locos con sus propios premios a los mejores momentos del año.

Gracias a Dios, hoy existe internet, pero antes cuando crecías en una ciudad pequeña como Ávila, que es la ciudad en la que crecí yo, las fuentes de información disponibles eran muy limitadas. Si tenías alguna afición, tenías que recurrir a las revistas especializadas, que para un pipiolo sin dinero, normalmente leías en la biblioteca. Por ejemplo, si lo que te gustaba era la música, además de la citada biblioteca (además creo que la fonoteca no fue inaugurada los años 2000), podías recurrir a alguna de las dos o tres tiendas de discos que había en la ciudad, o a algún catálogo de venta por correo como Discoplay o BID. Si no tenías dinero, entonces podías acudir a los puestos de cintas copiadas que habían en el rastro o recurrir a algún amigo con contactos en Madrid, o que viviera en un piso lo suficientemente algo como para recibir la señal de los 40 principales o M80 de Valladolid, ya que en las ciudad pequeña como Ávila, salvo Radio 3 (con su programación rara que tras un programa de Heavy Metal, lo mismo te saliera uno de jotas), no había más cadenas de música (tiempo después se instaló la Cadena Dial y ya cuando estaba a punto de acabar el bachillerato Onda Cero música, que fue el embrión de Kiss FM). Lo mismo les ocurría a los aficionados al cine. En Ávila sólo había un cine con una única sala (el Tomás Luis de Vitoria, que también era el salón de actos de un colegio) y las películas a veces llegaban tarde (yo terminé la colección de cromos de Parque Jurásico antes de que se estrenara la película) y muchas veces no llegaban. También tenías los videoclubs y las revistas como Fotogramas y más adelante Cinemanía. De nuevo, la mejor fuente de información era la biblioteca pública, donde tenían un montón de libros sobre cine, muchas revistas especializadas (como Cahiers du cinema) y a la vez que la fonoteca se inauguró la filmoteca, donde se podían coger prestadas películas en VHS.

Por eso fuentes de información como "El cine de lo que yo te diga" era tan importantes. Yo lo descubrí una noche poco después de recibir un radiodespertador por mi ¿11º? cumpleaños. Inmediatamente me hice adicto y los sábados por la tarde, en un ritual noventero, me ponía con los cascos de mi Walkman a escucharlo. Pero claro, como he dicho antes, si había fútbol, el carrusel Deportivo tenía preferencia y sólo se emitía medio programa. Así que a modo de podcast prehistórico, me esperaba despierto hasta que el programa empezase a la una y lo ponía a grabar con dos cintas de cassette de 60 minutos. Claro, tenía que poner el despertador a la una y media para dar la vuelta a la cinta, a las dos para cambiar de cinta y a las dos y media para dar la vuelta a la segunda cinta. Luego, satisfecho, escuchaba las cintas a lo largo de la semana varias veces, como cuando iba andando al colegio. Un día, durante unas clases particulares, descubrí que existían cintas de cassette de 120 minutos. Este hallazgo simplificó mucho mi rutina, porque sólo tenía que despertarme una vez para dar la vuelta a la cinta. En una ocasión llamé a la sección de preguntas del oyente, pero resultó que el número de teléfono era el mismo que el de la oficina de los periodistas y respondió Elio Castro. Yo me quedé petrificado sin poder hablar (tendría 13 o 14 años), así que el locutor me dijo que si quería dejar una pregunta colgara y llamara de nuevo, que no cogería el teléfono para que saltara el contestador. Yo, sin articular palabra alguna, colgué y no volví a llamar. Una última batallita: En el año 2000, algunos de los periodistas de "El cine de lo que yo te diga" escribieron un libro llamado "El cine contado con sencillez" que se convirtió en mi primera compra por internet, ya que las librerías abulenses no lo tenían.

"El cine de lo que yo te diga" me acompañó desde entonces. Seguí escuchándolo durante la carrera (vivía justo encima de los cines Van Dyck de Salamanca) y tampoco me lo perdí los dos años que viví en Alemania (ya se podía escuchar la radio por internet). En marzo de 2009, en algún foro de internet corrió el rumor de que el programa se iba a emitir por última vez. Los rumores se confirmaron muy poco después. La crisis económica estaba pegando fuerte y la Cadena SER no quería seguir manteniendo un programa tan caro de producir (creo que el equipo tenía sus propias oficinas fuera de la sede de la emisora). Así que hace justo hoy 10 años, los periodistas de "El cine" se despidieron de sus oyentes mientras sonaba esta canción de Cola Jet Set
A pesar del tiempo transcurrido, todavía echo de menos el programa. Menos mal que nos quedan, a modo de metadona, los programas que tiempo después han hecho Antonio Martinez y Elio Castro de nuevo de la SER en colaboración con el canal de televisión TCM. Empezaron con "Notas de Cine" sobre la música en las películas, y unas temporadas después el espacio se convirtió en "Sucedió una noche", un programa dedicado en exclusiva al cine clásico que todavía continúa. Como "El cine", este programa también se emite de madrugada, ¡aunque ahora ya se pueden descargar el podcast!

Fuente de la imagen de portada: unsplash.com. Autor: Ar Meftah
Publicado el 4 de abril de 2019.