Día 217: Spanischer Abend (Noche española)
Hace ya unos meses Héctor y yo nos pusimos en contacto con el Erasmus iniciative, un grupo de estudiantes voluntarios, que, desde la universidad, organizan excursiones, fiestas, etc, para los becarios erasmus. Queríamos proponerles la organización de una fiesta española, porque ya antes, en un local (club de estudiantes) llamado Gutzcow y perteneciente a la poderosa Studenten Werk (la empresa que da alojamiento y comida a los estudiantes), se habían organizado fiestas sobre Grecia, Polonia, Francia... donde se escuchaba la música, se degustaba la comida y se aprendían las costumbres (y a veces la historia) típicas de los paises organizadores. Estas fiestas habían dejado el listón muy alto, y ahora era el turno de los españoles.
La semana pasada convoqué a los españoles de Dresde a través de correo electrónico para ir pensando qué hacer de comida,
para preparar la decoración del local… y ya de paso comenté el problema de la financiación de la fiesta, que supuse que
sería un tema candente.
Pero me equivoqué, a dos días de la fiesta todo el mundo estaba ilusionado y sugería cosas para la fiesta y, el día en cuestión,
puso sin ninguna queja los 3€ que acordamos. Me senté en una mesa de la cafetería del comedor y en menos de media
hora tenía recaudados 100 € para comprar comida, bebida, pinturas y “artículos decorativos”. (Luego se recaudó más
dinero durante la fiesta…)
Juan se encargó de comprar las pinturas de dedo para pintar a todo aquel que fuese a la fiesta una gran bandera española
en la cara (o una senyera… dependiendo del grado de implicación política).
Se hicieron grupos para hacer tortillas, ensaladilla rusa (que aunque tenga nombre ruso, es española), y pan tumaca. Otros
fueron a comprar bebida y fruta para hacer sangría y calimocho. Un tercer grupo se encargó de hacer las banderolas rojas
y amarillas a partir de servilletas amarillas y un cubrecolchón rojo para decorar el local.
Inspirados en la presentación ultranacionalista de los griegos, Héctor y yo preparamos un PowerPoint sobre España: nuestra historia, nuestra comida, nuestra fiesta... Aunque era algo cañí, y a mi gusto hicimos demasiado incapié en los toros (Héctor ahí se plantó), creo que nos quedó bastante bien:
Al llegar al local aún estaba jugando el Barça, por lo que acababa el partido preparamos la sangría, colocamos las banderolas y preparamos las tortillas (y nos comímos alguna), partiéndolas y llenándolas de palillos.
Pi, pi, piiiiiiiiiii… El árbitro marcaba el final del partido en San Siro y el comienzo de la fiesta en Gutzcow. El local
del club estaba hasta la bandera (nunca mejor dicho… uff… que malo…). Habían venido estudiantes de todas las partes del
mundo, y los alemanes de siempre (a las fiestas Erasmus suelen venir alemanes interesados en practicar el idioma que estudian)
y además estábamos casi todos los españoles. Todos tenían su bandera española pintada en la cara gracias a la desinteresada
colaboración de nuestro equipo de maquilladores/as. La música que habían preparado Cristina, Juan y colaboradores
(un CD/MP3 con más de 12 horas de éxitos españoles de ayer y hoy) empezó a sonar.
Nada más comenzar proyectamos nuestra presentación. La música que teníamos preparada (el pasodoble “España cañí” y el allegro
de “Iberia” de Isaac Albéniz) e insertada en nuestro PowerPoint no podía sonar por dificultades técnicas, pero la
música de Cristina, Juan & Co. la suplió sin problemas, ya que a la vez que veíamos un resumen de la historia de España
sonaba el “Libre” de Nino Bravo (versionado por el Chaval de la Peca). Lo mejor fue cuando fueron pasando las fotos de las
ciudades y monumentos de España, cuando veías tu ciudad aplaudías, silbabas, gritabas a rabiar. La presentación acababa
dos videos: uno sobre la Saca de Soria y otro con un encierro de San Fermín. Al acabar, una inmensa ovación. Había sido
un éxito. Todos los extranjeros, es decir, los no españoles, se habían enamorado de España. Todos querían una copia de
la presentación.
Mientras, la fiesta continuaba, y a la media hora de haber comenzado, ya no quedaba ni una de las 16 tortillas tamaño familiar,
nada de las decenas de raciones obtenidas a partir de una olla entera de ensaladilla rusa-española, nada de la quesada
que hizo Sara, nada de los 6 platos de pan tumaca que hizo el sector catalán y por supuesto nada de los 25 litros
de sangría ni de los 30 litros de vino (parcialmente diluidos en calimocho) que habíamos preparado. Hubo un momento a lo
largo de la fiesta en que me acerqué a la cocina y me encontré a un grupo de alemanes rebañando la fruta que quedaba en
las enormes cacerolas de la sangría.
La fiesta continuó hasta bien entrada la noche con la música española a todo trapo y con las cervezas alemanas y las botas de vino circulando sin parar. De hecho, se extendió hasta que la policía, de buenas maneras, nos dijo que estábamos haciendo demasiado ruido (estaríamos haciendo como mucho 60 dB), y es que para los alemanes el silencio es sagrado.
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